Liberamos



“Y ellos partieron y recorrieron las aldeas evangelizando
y curando por todas partes y arrojaban muchos demonios
y ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban” (Mc.6,13)



El Servicio de salud es una pequeña contribución en las obras de la Congregación, que por ser “pequeña” casi el 7% de la misma, se pierde en el quehacer cotidiano, como un servicio silencioso y humilde, en el que cada sierva enfermera entrega lo mejor de sí para ser vehículo, canal, medio por donde llegue al enfermo la Ternura Infinita de Cristo.


La llamada de Dios a la Sierva, para colaborar en el campo de la salud, se inicia al mismo tiempo en que nace la Congregación, es decir, el 13 de diciembre de 1885, ya desde ese momento comenzó a atender a los ancianos que formaban parte de los primeros sesenta pobres.


“Y ellos partieron y recorrieron las aldeas evangelizando y curando por todas partes y arrojaban muchos demonios y ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban” (Mc.6,13)
“Desde el inicio de la evangelización, se ha cumplido este doble mandato. El combate a la enfermedad tiene como finalidad lograr la armonía física, psíquica, social y espiritual para el cumplimiento de la misión recibida. La pastoral de la salud es la respuesta a los grandes interrogantes de la vida como son el sufrimiento y la muerte, a la luz de la muerte y resurrección del Señor” (Aparecida 418)


Nuestro Objetivo General en salud es:

Brindar a nuestros destinatarios y colaboradores un servicio integral, humilde y misericordioso al cuidado de su salud, promoviendo y defendiendo su calidad de vida.

MISIÓN

Somos una institución católica cuyo fin es servir integralmente a enfermos y ancianos, especialmente a los más pobres y necesitados, siendo vehículo del amor misericordioso de Cristo.

VISIÓN

Queremos ser instituciones que sirvan como agentes de Pastoral de la Salud cercanos al hombre que sufre, distinguiéndonos por la presencia misericordiosa, ética y profesional, promoviendo los valores humano-cristianos especialmente a los más pobres.


Los Valores en los que nos apoyamos son:

Amor: Es el que nos lleva a buscar el bien de nuestros semejantes.
Humildad y sencillez: Nos enseñan a conocer nuestra pobreza y limitaciones y actuar de acuerdo a ellas.
Fe: Que es un impulso de confianza y abandono por el cual el hombre renuncia a apoyarse en sus pensamientos y sus fuerzas, para abandonarse a la palabra y al poder de Dios en quien cree.
Verdad: Ser y manifestarse con honestidad.
Responsabilidad: Consiste en asumir los propios actos y sus consecuencias, como resultado de las decisiones tomadas.
Libertad: Fuerza interior que nos hace crecer como personas para elegir el bien.
Servicio: Descubrir y poner inteligentemente a disposición del otro, los valores personales para el bien de la comunidad.
Respeto: Reconocer la propia dignidad y la de los otros y el comportamiento fundado en este reconocimiento.
Bioética: Define la moral de la vida.


Sintiéndonos convocadas por Jesús, las Siervas del Sagrado Corazón de Jesús y de los Pobres queremos comunicar y compartir los rasgos esenciales de nuestro Carisma expresado por medio de un servicio de amor misericordioso a los pobres y necesitados.

Conscientes que en el tiempo actual la Iglesia debe predicar el mismo mensaje y realizar los mismos gestos de Jesús, las Siervas, impulsadas por el espíritu de la Congregación queremos ser presencia viva de Cristo misericordioso con nuestros hermanos enfermos llevando a este ambiente los valores de sensibilidad humana y caridad evangélica.

Y así a semejanza de los Apóstoles que fueron enviados por Jesús, las hermanas deseamos acompañar y compartir nuestra experiencia de Dios expresada en un servicio incondicional a los enfermos buscando salir a su encuentro movidas únicamente por el amor; sin olvidar que Nuestro Padre nos dice: “Comunicar algún bien a las almas no es fruto del esfuerzo humano por muchas y notables cualidades que se tengan. La gracia de Dios es la que obra en las almas y esta gracia sólo se obtiene con la oración”.

Impulsadas por la Santidad de Nuestro Padre Fundador, rogamos a Nuestro Dueño y Señor y a Nuestra Madre Santísima de Guadalupe nos alcancen las gracias necesarias para responder adecuadamente al reto que la Iglesia, la sociedad y la Congregación nos hacen a favor de los enfermos y ancianos.


La Iglesia nos recuerda:

“Que en sus decisiones otorguen un lugar privilegiado a los enfermos más pobres y abandonados, así como a los ancianos, incapacitados, marginados, enfermos terminales y víctimas de la droga y de las nuevas enfermedades contagiosas. Han de fomentar que los enfermos ofrezcan su dolor en comunión con Cristo crucificado y glorificado para la salvación de todos y, más aún, que alimenten en ellos la conciencia de ser, con la palabra y con las obras, sujetos activos de pastoral a través del peculiar carisma de la cruz.” (VC 83)


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